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Devocionales
“Con amor eterno te he amado, por tanto, te prolongué mi misericordia”. Jeremías 31:3b(RV60).

El desierto es un lugar caluroso, lleno de soledad, sed, agotamiento, desorientación, animales peligrosos, falta de paz y seguridad.

La infidelidad del pueblo de Israel para con Dios hizo que pasaran por un periodo de calamidad y prueba. No reconocieron quién les daba el trigo, el vino y el aceite. Dios les multiplicó la plata y el oro, pero ellos se lo ofrecían a Baal, un dios extraño. Oseas 2(RV60).

Dios los llamó a cuentas(vs.13) y les advirtió del castigo que traería su desobediencia por apartarse a servir a otros dioses.

Recordemos que Dios es fiel y misericordioso, y los atrajo al desierto para hablarles directamente a su corazón y allí cambiar su desgracia por esperanza. Se habían olvidado de alabar al único que los había sacado de la esclavitud de Egipto y solo, en el desierto les quitaría de sus bocas los nombres de sus dioses, para que nunca más volvieran a repetirlos. (vs.17).

En este proceso les hizo promesas: “te voy a proteger de todos los peligros y te hare dormir segura”. (vs.18) o… “te daré justicia, benignidad misericordia y fidelidad y conocerás al Señor”. Fue en el desierto donde pudieron decir “Dios mío” y ÉL decir: “Tú eres mi pueblo”.

No debemos esperar ser atraídos al desierto. Renovemos nuestra relación con Dios. Cuidemos nuestro corazón para no desviarnos a adorar a dioses extraños como son: la mucha ocupación, el entretenimiento en exceso, el materialismo, los afanes de la vida y sobre todo, lo que abunda en nuestra boca; todo aquello que nos distrae del verdadero propósito de amar a Dios sobre todas las cosas. Demos gloria y honra por el privilegio de ser sus hijos.

Oración
Dios mío, quiero amarte con todo mi corazón, todo mi bien está en ti.

Escrito por Angelina Gómez Corrales para CBN
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