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Devocionales

Cuando pensamos en los enemigos de nuestro mundo, pensamos en grupos como Boko Horam, ISIS y Al Qaeda. Todos los días, las noticias en la televisión y los comentarios en nuestros muros de Facebook parecen enfocarse en una nueva controversia, otro estallido de violencia o, noticias de última hora donde informan de las atrocidades que estos grupos terroristas están cometiendo. Es fácil para nosotros estar enojados, desconsolados e increíblemente enojados con estos grupos. Si bien estos grupos nos hacen daño, no son nuestro mayor enemigo.


Efesios 6:12 nos dice, «… nuestra lucha no es contra sangre y carne, sino contra los gobernantes, contra las autoridades, contra los poderes de este mundo tenebroso y contra las fuerzas espirituales del mal en los reinos celestiales». Nuestro mayor enemigo Satanás busca matar, robar y destruir, pero Jesús vino a traer vida abundante (Juan 10:10).


La vida abundante se encuentra en amar a los demás, no en odiarlos. Cuando nos centramos en el odio, perdemos la oportunidad de mostrar el amor de Jesús a quienes más lo necesitan. Pablo describe la lucha espiritual de esta manera: «Aunque vivimos en el mundo, no hacemos la guerra como el mundo. Las armas con las que luchamos no son las armas del mundo. Por el contrario, tienen poder divino para demoler fortalezas. Derribamos argumentos y toda pretensión que se pone en contra del conocimiento de Dios, y tomamos cautivo todo pensamiento para hacerlo obediente a Cristo» (2 Corintios 10: 3- 5 NVI).


Cuando Pablo dice «toma todo pensamiento cautivo y para hacerlo obediente a Cristo», para responder a la tragedia, la injusticia o la persecución con ira e impotencia, debemos tomar esas emociones y sentimientos, ponerlos delante de Jesús y preguntarle cómo le gustaría que nosotros actuemos.


Cada vez que se perjudica a las personas y se aprovecha de los inocentes, Dios se da cuenta y se preocupa. ¿Qué podemos hacer desde nuestro lado del mundo? ¿Podemos hacer algún tipo de diferencia? Podemos confiar en que nuestro Dios no solo es el Juez justo y el Gobernante justo de la tierra, sino también el Creador y Padre compasivo. Miqueas 6:8 dice que Dios quiere que las personas «actúen con justicia, amen la misericordia y caminen humildemente con su Dios». Los cristianos están llamados a hacer una diferencia.


Al igual que los militares tienen el deber de luchar en las batallas de su nación, estamos llamados a luchar batallas espirituales. Estas peleas no se ganan con pistolas o tanques. Las batallas espirituales requieren un tipo diferente de arma: el amor. Aquí hay algunas maneras de amar a los que nos odian:

  1. Ora por ellos.

Jesús dice: «Ama a tus enemigos y ora por aquellos que te persiguen». La oración es un arma poderosa. Cambia a otros y nos cambia. Al orar por las personas que se oponen a nosotros, se nos recuerda que la persona no es diferente de lo que alguna vez fuimos. Él o ella fueron hechos a la imagen de Dios y necesitan desesperadamente una relación con él.

  1. Confía en Dios para cambiar sus corazones.

El Evangelio puede resolver el problema. Cuando sometemos nuestras vidas a Jesús, Él cambia los corazones de la misma manera que Dios describe en Ezequiel 11: «Y les daré un corazón, y un espíritu nuevo pondré dentro de ellos; y quitaré el corazón de piedra de en medio de su carne, y les daré un corazón de carne» (Ezequiel 11:19). Solo Dios puede cambiar los corazones, y cuando lo hace, crea un cambio duradero en el comportamiento.

  1. Espera que Dios se mueva.

Podemos esperar que Dios haga lo que parece imposible, porque Jesús nos prometió que, con Dios, todo es posible. Dios hará las cosas bien en su tiempo, y podemos confiar en que Dios hará lo que solo él puede hacer. Todos tenemos batallas espirituales para luchar hoy: compañeros de trabajo que saben cómo sacar lo peor de nosotros, niños que ponen a prueba nuestra paciencia, cónyuges resentidos con Jesús. La clave para superar estos desafíos radica en recordar quién es el enemigo. Nuestro mayor enemigo es Satanás, y podemos luchar con confianza sabiendo que Jesús ya ha ganado (1 Corintios 15: 54-57).

  1. Ora por los líderes mundiales.

Necesitan la sabiduría y el discernimiento de Dios para tomar decisiones difíciles que afectarán a millones de vidas. Los líderes y las figuras de autoridad necesitan comprensión más allá de ellos mismos para navegar por situaciones difíciles. Podemos orar especialmente por ellos para que tomen decisiones que sean buenas para su propio pueblo y para todas las personas (1 Timoteo 2: 1-4).

Celebramos a alguien que, a pesar de ser odiado y despreciado por la humanidad, aún amaba a la humanidad. Lo golpearon y eventualmente lo mataron, pero resucitó declarando que el amor nunca puede ser derrotado por la oscuridad. Tal vez temporalmente pueda parecer que sí, pero la luz destruye la oscuridad 10 veces de cada 10 y el amor destruye el odio en todo momento. Hoy debemos unirnos en torno al amor como la única respuesta a tales atrocidades. El amor tiene que ser el latido de nuestro corazón en tiempos de tanto dolor e incertidumbre.

Hagas lo que hagas mañana, si eliges el amor sobre el odio, poco a poco estás echando el odio que puede venir a intentar enredarnos.

Escrito por Christine McGivern para CBN

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Devocionales

Yo soy la vid, y ustedes son las ramas el que permanece en mí, como yo en él, dará mucho fruto; separados de mí no pueden ustedes hacer nada. San Juan 15:15 (NVI)


La Palabra de Dios nos menciona el fruto del Espíritu Santo como un todo, pero en realidad se divide en nueve frutos. Él espera que este fruto se desarrolle en nuestras vidas y solo permaneciendo en la vid y guardando su palabra llevaremos mucho fruto.


Los primeros tres son: amor, gozo y paz y se refieren a sentimientos y actitudes que son parte de Dios. Como hijos debemos de imitar a nuestro Padre andando en amor y disfrutando de su paz y gozo. 1 Corintios 13 (RV60)


Los segundos frutos son: paciencia, benignidad y bondad, y nos enseñan como debemos de ser con las demás personas, y a tener paciencia y bondad aún con los que no se lo merecen.  


El tercer grupo que son: fe, mansedumbre y templanza o dominio propio. Recordemos que todo esto lo produce el Espíritu Santo en nosotros si se lo permitimos y tienen que ver con la forma en que nos conducimos en nuestra vida espiritual. Cuando tenemos duda, miedo, tristeza, falta de perdón, juicio, impaciencia, estos frutos nos hacen permanecer firmes haciendo lo correcto.


Es importante entender que hasta la semilla más pequeña crece, dando frutos.  Cuanto más nosotros si le permitimos al Espíritu Santo llenarnos y equiparnos de estos frutos para agradar a Dios.


Romanos 8:6 cita: “Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz”. El anhelar el fruto del Espíritu Santo nos permite parecernos a nuestro Dios y permanecer en su palabra gozando de toda esta gama de frutos que nos benefician a nosotros para tener una vida cristiana victoriosa.


Oración

Señor, anhelo ser lleno del Espíritu Santo para parecerme más a ti.

 

Escrito por: Angelina Gómez Corrales

 

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