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Devocionales

Yo soy la vid, y ustedes son las ramas el que permanece en mí, como yo en él, dará mucho fruto; separados de mí no pueden ustedes hacer nada. San Juan 15:15 (NVI)


La Palabra de Dios nos menciona el fruto del Espíritu Santo como un todo, pero en realidad se divide en nueve frutos. Él espera que este fruto se desarrolle en nuestras vidas y solo permaneciendo en la vid y guardando su palabra llevaremos mucho fruto.


Los primeros tres son: amor, gozo y paz y se refieren a sentimientos y actitudes que son parte de Dios. Como hijos debemos de imitar a nuestro Padre andando en amor y disfrutando de su paz y gozo. 1 Corintios 13 (RV60)


Los segundos frutos son: paciencia, benignidad y bondad, y nos enseñan como debemos de ser con las demás personas, y a tener paciencia y bondad aún con los que no se lo merecen.  


El tercer grupo que son: fe, mansedumbre y templanza o dominio propio. Recordemos que todo esto lo produce el Espíritu Santo en nosotros si se lo permitimos y tienen que ver con la forma en que nos conducimos en nuestra vida espiritual. Cuando tenemos duda, miedo, tristeza, falta de perdón, juicio, impaciencia, estos frutos nos hacen permanecer firmes haciendo lo correcto.


Es importante entender que hasta la semilla más pequeña crece, dando frutos.  Cuanto más nosotros si le permitimos al Espíritu Santo llenarnos y equiparnos de estos frutos para agradar a Dios.


Romanos 8:6 cita: “Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz”. El anhelar el fruto del Espíritu Santo nos permite parecernos a nuestro Dios y permanecer en su palabra gozando de toda esta gama de frutos que nos benefician a nosotros para tener una vida cristiana victoriosa.


Oración

Señor, anhelo ser lleno del Espíritu Santo para parecerme más a ti.

 

Escrito por: Angelina Gómez Corrales

 

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