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Devocionales

“¿Quién de ustedes, por mucho que se preocupe, puede añadir una sola hora al curso de su vida?”. Mateo 6:27.

 

Últimamente he pensado mucho en el dinero. Pero miro más que sólo mis finanzas personales. Dios ha puesto una lupa sobre mis finanzas espirituales también. ¿Qué he ahorrado en mi alma? ¿Qué debe ser deducido?

 

Todo empezó el mes pasado que me cambié de casa. Por decisión propia, mi vida simple y calculada se volvió de cabeza. Me pasé a vivir a una gran ciudad, donde el costo de vida es considerablemente más alto (de muchas formas). Dejar mi zona de seguridad hizo que todo fuera nuevo y aterrorizante.


Durante las primeras semanas me preocupaba mucho, desde pagar mis cuentas hasta causarle una buena impresión a mi jefe. En cierta forma, mi ansiedad se dio gusto recolectando cada preocupación que pudiera. Mientras tanto, mi fe estaba en los números rojos.


¿Te ha pasado algo así? ¿Esos momentos donde se siente que uno está inundado de preocupaciones y al calcular su fe encuentra que tal vez no tenga suficiente para cubrir la deuda?


La preocupación no tiene valor monetario en este mundo, no resolverá nada. Lo que deja es frustración, una fe debilitada y permite que el temor controle su vida.


Aclarémoslo, no tienes el control. No hay forma de mantener tu vida balanceada perfectamente como una chequera. Debes dársela a Dios. Es el único que puede mantener paz en tu vida en medio de un mundo inestable.


“Encomienda al Señor tus afanes, y Él te sostendrá; no permitirá que el justo caiga y quede abatido para siempre”, Salmos 55:22.


Dios me dio una ilustración para esto: donde quiera que estoy imagino que Él sostiene una gran olla con monedas. Cada vez que llega un problema, imagino una moneda en mi mano y la echo en esa olla. Incluso a veces físicamente estrecho mi mano y hago como que tiro esa moneda. En mi mente, oigo donde cae y golpea las otras. Estoy encomendando mis afanes al Señor, ahora son de Él.


Oración

Señor, quiero entregarte cada preocupación que llega a mi vida y sentirme de esta manera más libre. Quiero quitar de mis hombros la carga de la preocupación que se levanta cada día. Te entrego mis temores, mis dudas, mis preocupaciones y te entrego mi corazón. El pecado que cargo perdónalo y quítalo para vivir en tu paz. En el nombre de Jesús. Amén.

Escrito por Jennifer E. Jones
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Devocionales

“¡Así que decidimos que enviaríamos a todos de vacaciones, con todo pago, para que puedan descansar bien!”, Exclama la presentadora cuando la familia de 5, con 2 niños discapacitados, se echó a llorar. ¡Al igual que yo!


“Éste es George. George es un perrito golden retriever que fue abandonado…” dice la voz solemne, mientras que pasan tomas en blanco y negro de George, sentado bajo la lluvia a través de la pantalla de la TV. Yo silenciosamente sollozo, con el rostro en mis manos.


*Un niño abraza a su padre mientras la canción “Padre e Hijo” suena en el fondo. Es un anuncio de pan.* Llorando, trato de cambiar el canal, pero no puedo ver el control remoto debido a las lágrimas.


¿Cuán emocional eres? Uno de los elementos únicos de cada individuo son nuestras emociones; Nuestra capacidad de sentirlos y nuestra voluntad de expresarlos. Usted puede ser alguien que llora todo el tiempo – anuncios, espectáculos o momentos como los de arriba son suficientes para moverte a un mar de sollozos. O puede ser alguien que rara vez muestra emoción – bodas, funerales y cuando se golpea el dedo con un martillo.


Las emociones son muy volubles; amigos un momento y enemigos al siguiente. Nuestra capacidad de sentir es uno de los mayores dones de Dios, pero también puede secuestrar nuestras vidas de manera muy perjudicial. Las emociones son como el fuego: grandiosos en el lugar correcto, destructivas en otros. Quieres fuego en la fogata, pero no lo quieres en tu edredón.


La fe no contradice las emociones; más bien las complementa. Nuestras emociones y sentimientos deben expresarse en nuestra fe y nuestra fe debe dirigir nuestras emociones. Jesús es nuestro modelo de vida perfecto y experimentó toda gama de emociones. Él lloró. Él rió. Él suspiró. Él gritó. Se expresó.


Con nuestra tendencia hacia los extremos, a veces pensamos que deberíamos intercambiar una espiritualidad emocional por una piedad formal, pero eso no podría estar más lejos de la verdad. Dios quiere vivir con nosotros, en nuestras emociones, siempre y cuando estén estabilizadas por la presencia de su Espíritu.


Escrito por Fin Sheridan para CBN

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Devocionales

¿Alguna vez has tratado de cambiar algo de tu vida? Tal vez viste algo impactante: un sermón, un testimonio, una nueva perspectiva y decidiste ser una mejor persona, adoptar un nuevo enfoque o cambiar algo sobre tu persona. Entonces, te lo propusiste comenzaste, la mentalidad cambió y, aunque el cambio podría durar un día, una semana o incluso un mes, en algún lugar a lo largo del camino del cambio, volvemos a la vieja costumbre, la vieja actitud o el viejo comportamiento.

 

¿Porqué pasa eso? Bueno, en su libro “Tú eres lo que amas”, el profesor James K. A. Smith sugiere que es porque no hacemos un cambio duradero con nuestras cabezas, sino que lo hacemos con nuestros corazones. Somos criaturas que vivimos de nuestros corazones, de nuestros deseos y necesidades más profundas, y son esas cosas las que tienen que cambiar para que nuestro comportamiento cambie.

 

Sus ideas son convincentemente bíblicas. Después de todo, Proverbios 4:23 nos anima a “protege tu corazón, porque de ahí fluyen los manantiales de la vida”. ¡Ese verso no es solo para adolescentes que están considerando salir con alguien! Es verdad para todos los seres humanos; como nuestros corazones sienten, así lo hacemos.

 

“Cuando amamos correctamente… nuestro comportamiento cambia. La fe y la obediencia fluyen del amor: Dios nos ama y nosotros amamos a Dios “.

 

Piénsalo, no solo hacemos cosas porque creemos que son buenas; sentimos placer en la búsqueda de personas y el placer es una cosa sincera. Por ejemplo, sé en mi mente que gastar dinero en cosas bonitas en lugar de saldar una deuda o ahorrar  no es la mejor decisión, pero hay un impulso emocional hacia cosas que a menudo son mucho más fuertes.

 

En el Salmo 119, David está reflexionando sobre la Palabra de Dios. Ahora, cuando pensamos en la Palabra de Dios, a menudo pensamos en palabras como “creer” y “obedecer” y “confiar”, todas las posturas que debemos tomar. Sin embargo, más que cualquiera de esos, David sigue diciendo que ama la palabra de Dios; de hecho, ¡lo dice 10 veces!

 

“¡Oh, cómo amo tu ley! Es mi meditación todo el día.” Salmo 119:97

 

Jesús mismo afirma este enfoque de la vida. Su gran mandamiento es que debemos “amar al Señor nuestro Dios con todo nuestro corazón, alma, mente y fuerza”. ¿Por qué eligió decir amor? Porque es cuando amamos correctamente que nuestro comportamiento cambia. La fe y la obediencia fluyen del amor: Dios nos ama y nosotros amamos a Dios.

 

Pregúntese; ¿Qué ama? ¿Qué es lo que realmente quieres, lo que realmente deseas? Es solo cuando sabemos la respuesta que realmente podemos comenzar a cambiar.

 

Escrito por Fin Sheridan para CBN

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Devocionales
“Aunque no den higos la higueras, ni den uvas las viñas, ni aceitunas lo olivos; aunque no haya en nuestros campos nada qué cosechar; aunque no tengamos vacas ni ovejas, siempre te alabaré con alegría porque tú eres mi salvador”. Habacuc 3:17-18 (Traducción en Lenguaje Actual)

Siempre viene a mi mente a ministrarme cuando las papas se me queman, cuando el panorama se vuelve incierto, cuando las cosas me salen mal, cuando las cuentas se vuelven impagables, porque lo único que hago es pagar y pagar y no veo el fruto de mi trabajo y pienso en cómo emplearlo en algo más productivo.

Cuando las enfermedades tocan la puerta de mi hogar, cuando en el trabajo me dijeron hasta aquí no más, hoy es el último día de trabajo y me quedé sin chamba y lo peor es que no consigo otro trabajo, o cuando el dueño de lo ajeno se lleva lo que no le pertenece y roba el esfuerzo de mi trabajo, a todo esto se suma cuando la división invade mi hogar, los pleitos son el pan de cada día, los insultos se levantan como dardos encendidos; cuando el adulterio invade mi hogar o mi hijo es un drogadicto y lo veo cada día más atado al vicio.

Es como si se hubiera congelado en un espejo mi vida, es como cuando la computadora se detiene y no avanza ni para atrás ni para adelante.

En la mayoría de veces, en la búsqueda de la solución a nuestros problemas no acudimos a Dios, sino al adivino, al que lee las cartas, leemos el tarot y caemos en pecado del agorismo, o consultamos al compadre o a la comadre… y cada vez nuestros problemas se agudizan más.

Nos hundimos en la desesperación y la angustia y pensamos que no hay salida a nuestros problemas. Pero en Cristo Jesús siempre hay salida y esperanza. En Juan 3:16 dice “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna, porque no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por Él”.

En Cristo tenemos el perdón de nuestros pecados, tal como leemos en 1 Juan 1:9: “Si confesamos nuestros pecaos, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad”. Dios es un hacedor de cosas nuevas, Él las hace las desde el momento en que nosotros decidimos creer en nuestro corazón y confesar con nuestros labios que Él es nuestro Señor y Salvador.

Lo nuevo que hace Dios es poner esperanza y paz en nuestros corazones en medio de las circunstancias. Entonces podemos decir como Habacuc que aunque no pase nada en mi vida, aunque la pobreza y la escasez hayan tocado la puerta de mi casa y nada de lo que emprenda se realice, con todo, yo me alegraré y me gozaré en el Dios de mi salvación, porque Dios siempre llega a tiempo para ayudarnos a salir de toda circunstancia adversa.

Oración
Perdóname Dios por mi pecado, por no haber corrido a ti en mis momentos de pruebas y desesperación. Señor yo me acerco a ti ahora y te hago el señor de mi vida y de todas mis circunstancias. Gracias por la fe y la esperanza que pones en mi corazón. En el nombre de Jesús. Amén.

Escrito por Elena Mesías para CBN
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