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Devocionales

“Humillaos pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo”. 1 Pedro 5:6 (RV60)


Para que entendamos qué quiere decir humillarse, vamos a poner como ejemplo al Rey Josías (2 Reyes 22). Siendo un muchacho de dieciocho años y después de reinar diez años, le trajeron la noticia de que, cuando estaban reparando la casa del Señor, encontraron el libro de la ley. Él le pidió al escriba que se lo leyera y mientras escuchaba los juicios que vendrían a causa de la desobediencia en que había caído todo el pueblo, se humilló grandemente pidiendo perdón. No hubo otro rey que se convirtiera al Señor con todo su corazón.


Dios escuchó la oración de Josías y detuvo el juicio en el tiempo que duró su reinado. Además, este rey limpió a Israel de toda idolatría y guió al pueblo a volverse nuevamente al Dios de sus padres.


Tenemos también la historia de Manasés otro rey que gobernó a Israel y cuyo comportamiento fue todo lo contrario, porque fue muy perverso. Después de que un gran ejército lo invadiera, fue llevado cautivo. Estando en gran angustia en la cárcel, se humilló ante Dios pidiendo perdón de todo corazón, fue escuchado y restituido nuevamente a su reino, honrando a Dios el resto de su vida.


Cuando el Señor nos dice que nos humillemos bajo su mano poderosa, quiere decir que sin lugar a dudas habrá resultados a nuestro favor, y ciertamente ocurrirá algo espiritual en los cielos que nos va a bendecir. En 1 Pedro 5: 7 añade: “Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros”. Debemos confiarle plenamente nuestra vida y esperar, depositando en él nuestros problemas, cargas o circunstancias y confiando que él, nos exaltará cuando fuere tiempo. Mas el que confía en el Señor será exaltado. Proverbios 29:25


Oración

Padre Celestial, hoy te entrego todas mis preocupaciones, toda mi ansiedad y decido confiar y esperar en tu tiempo la respuesta que necesito. En el nombre de Jesús. Amén.

Escrito por Angelina Gómez Corrales para CBN

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Devocionales

No bajé del cielo para hacer lo que yo quiera, sino para obedecer a Dios mi Padre, pues él fue quien me envió. Juan 6:38


Cuando Jesús vino a la tierra, Él tenía claro su propósito en la vida, que era hacer la perfecta voluntad de Dios. Además se preocupaba por terminar el trabajo de Dios por medio de su vida y ministerio.

 

«Yo no puedo hacer nada por mi propia cuenta. Juzgo según el Padre me ordena, y mi juicio es justo, pues no trato de hacer mi voluntad sino la voluntad del Padre, que me ha enviado». Juan 5:30


¿Alguna vez te has sentido confundido porque no sabes cual decisión tomar? ¿Sin saber cuál camino escoger por miedo a equivocarte? Al estar en los momentos de confusión le has preguntado a Dios ¿qué es lo que Él quiere para ti? Los principios de la Biblia pueden ayudarte a llegar a una buena decisión y además confiaras en que Dios te está respaldando.


Cuando necesitas una luz, lo primero que haces es buscar el interruptor, lo mismo ocurre cuando necesitas una respuesta, debes buscar la Biblia.


La exposición de tus palabras imparte luz; da entendimiento a los sencillos.
 Salmo 119:130.


Dedica un tiempo para estudiar los principios y preceptos, así dejarás que Dios ilumine tu situación.


Dios puede hablarte por medio de una persona, pensamientos o por situaciones. Para que estés realmente seguro que escuchaste la voz de Dios, confirma que tu decisión este de acuerdo con los principios de la Palabra.


Muchas veces es necesario que pidas algún consejo sabio, un verdadero amigo ayudara a ver tus verdaderas intenciones. Además no te dirá lo que quieras escuchar, si no lo que realmente necesitas, aun cuando duela. En el momento puedes sentir dolor, pero la consejería puede evitar un desastre.


Las dudas no significan que estás fuera de la voluntad de Dios, debes seguir adelante y basar tu confianza en la decisión de Dios.


Oración

Señor, gracias por tu hermosa palabra. Hoy pongo en tus manos mis decisiones, ayúdame siempre a hacer tu voluntad y a poner mi confianza solo en ti; en el nombre de Jesús, amén.

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Devocionales
«Aunque no den higos la higueras, ni den uvas las viñas, ni aceitunas lo olivos; aunque no haya en nuestros campos nada qué cosechar; aunque no tengamos vacas ni ovejas, siempre te alabaré con alegría porque tú eres mi salvador”. Habacuc 3:17-18 (Traducción en Lenguaje Actual)

Siempre viene a mi mente a ministrarme cuando las papas se me queman, cuando el panorama se vuelve incierto, cuando las cosas me salen mal, cuando las cuentas se vuelven impagables, porque lo único que hago es pagar y pagar y no veo el fruto de mi trabajo y pienso en cómo emplearlo en algo más productivo.

Cuando las enfermedades tocan la puerta de mi hogar, cuando en el trabajo me dijeron hasta aquí no más, hoy es el último día de trabajo y me quedé sin chamba y lo peor es que no consigo otro trabajo, o cuando el dueño de lo ajeno se lleva lo que no le pertenece y roba el esfuerzo de mi trabajo, a todo esto se suma cuando la división invade mi hogar, los pleitos son el pan de cada día, los insultos se levantan como dardos encendidos; cuando el adulterio invade mi hogar o mi hijo es un drogadicto y lo veo cada día más atado al vicio.

Es como si se hubiera congelado en un espejo mi vida, es como cuando la computadora se detiene y no avanza ni para atrás ni para adelante.

En la mayoría de veces, en la búsqueda de la solución a nuestros problemas no acudimos a Dios, sino al adivino, al que lee las cartas, leemos el tarot y caemos en pecado del agorismo, o consultamos al compadre o a la comadre… y cada vez nuestros problemas se agudizan más.

Nos hundimos en la desesperación y la angustia y pensamos que no hay salida a nuestros problemas. Pero en Cristo Jesús siempre hay salida y esperanza. En Juan 3:16 dice «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna, porque no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por Él».

En Cristo tenemos el perdón de nuestros pecados, tal como leemos en 1 Juan 1:9: «Si confesamos nuestros pecaos, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad». Dios es un hacedor de cosas nuevas, Él las hace las desde el momento en que nosotros decidimos creer en nuestro corazón y confesar con nuestros labios que Él es nuestro Señor y Salvador.

Lo nuevo que hace Dios es poner esperanza y paz en nuestros corazones en medio de las circunstancias. Entonces podemos decir como Habacuc que aunque no pase nada en mi vida, aunque la pobreza y la escasez hayan tocado la puerta de mi casa y nada de lo que emprenda se realice, con todo, yo me alegraré y me gozaré en el Dios de mi salvación, porque Dios siempre llega a tiempo para ayudarnos a salir de toda circunstancia adversa.

Oración
Perdóname Dios por mi pecado, por no haber corrido a ti en mis momentos de pruebas y desesperación. Señor yo me acerco a ti ahora y te hago el señor de mi vida y de todas mis circunstancias. Gracias por la fe y la esperanza que pones en mi corazón. En el nombre de Jesús. Amén.

Escrito por Elena Mesías para CBN
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