Devocionales

Elefante

«…despojémonos del lastre que nos estorba, en especial del pecado que nos asedia…» Hebreos 12:1.

Me recuerdo leyendo cómo se entrenan los elefantes jóvenes en la India. El amaestrador ata el elefante de una pierna trasera con cuerda gruesa a un árbol. Naturalmente, el elefante al sentirse atrapado intentará liberarse. Eventualmente, se da cuenta de que sus esfuerzos son inútiles y gradualmente se acostumbra a estar cautivo.

Al envejecer, el elefante modifica su comportamiento debido a su restricción hasta que incluso un sólo hilo puede ser lo que lo amarra. El elefante podría romperlo fácilmente pero se ha convencido de que la fuerza del hilo es más que su propia fuerza. Entonces, se da por vencido.

Para mucha gente, los acontecimientos de su pasado son como el hilo del elefante. Errores, fracasos, pecados o tragedias que nos tomaron cautivos como cuerdas gruesas todavía nos mantienen prisioneros. Si viéramos otra vez e intentaríamos de nuevo encontraríamos que sólo un hilo nos liga, aunque tenemos el poder en Jesucristo para liberarnos con facilidad.

El apóstol Pablo escribió: «Todo lo puedo en Cristo que me fortalece» (Filipenses 4:13).

Cuando te encuentres atascado en la rutina, detente, fíjate en el hilo que te mantiene prisionero y suéltate. Aún cuando recibamos clemencia por nuestros pecados, a menudo nos cuesta perdonarnos a nosotros mismos. El pecado ha sido perdonado, pero permitimos que el sentido de culpabilidad se quede en nosotros.

Ese hilo de culpa nos restringirá de una relación más profunda con Dios; por eso, es importante que reconozcas que este es el momento de perdonarte a ti mismo y romper el hilo de culpa y vergüenza, porque Dios ya quitó la cuerda hace mucho tiempo.

El pecado puede llegar a ser un vicio. Si se pierde la lucha contra el pecado, te puedes sentir amarrado aún y sin esperanza. Uno no debe vivir así. Recuerda que hay esperanza en Jesucristo.

«Más bien, una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y esforzándome por alcanzar lo que está delante, sigo avanzando hacia la meta para ganar el premio que Dios ofrece mediante su llamamiento celestial en Cristo Jesús» (Filipenses 3:13-14). 

Oración:
Señor, hay cosas que me atan al pasado. Los errores que cometí, mis pecados, mis malas actitudes, las injusticias que causé e incluso mis propias palabras son como ataduras que me impiden una libertad completa. Te pido Dios que me hagas sentir la libertad que necesito y si debo aún ser perdonado por algo, perdóname, Señor. En el nombre de Jesús. Amén.

Escrito por Gene Markland. Escritor de CBN.