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Devocionales

“Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros”. 1 Samuel 15: 22 (RV60).

Para ilustrar nuestro tema de hoy, tomamos el ejemplo de Saúl, rey de Israel. Dios le dio instrucciones por medio del profeta Samuel de ir a la guerra contra Amalec, dándole la orden específica de destruirlo todo. Sin embargo, no tomó en serio su misión sino que convino con el pueblo en escoger lo mejor para ofrecerlo a Dios como ofrenda, además, tomó vivo al rey y le perdonó la vida. 1 Samuel 15

Todas estas acciones le trajeron como consecuencia, que fuera desechado por Dios. Saúl, no solo no prestó atención a la orden dada, sino que incurrió en rebelión y desobediencia.

Si consideramos que el Señor quiere nuestra obediencia más que cualquier otra cosa, debemos oírle con atención para saber escoger cuidadosamente entre hacer lo que creemos conveniente o atender a su palabra, para que los resultados nos beneficien. Debemos obedecer completamente, inmediatamente, continuamente, sin excusas ni razonamientos y teniendo paz en nuestro corazón.

Cuando hablamos de amalecitas, hacemos referencia a que debemos destruir todo aquello que a Dios no le agrada, o que Dios nos ha dicho que dejemos. No podemos caminar sin su ayuda, ni dejar de seguir las instrucciones que nos da en su palabra para que nos vaya bien. Sigamos el ejemplo de Jesús que se despojó de su gloria por amor a nosotros y recordemos las palabras que el Espíritu Santo nos dice en Hebreos 12:1-2. “Despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús”.

Oración

Padre Celestial, te rindo mi vida, y necesito la ayuda de tu Santo Espíritu, para aprender a escuchar y a obedecer tu palabra, en el nombre de Jesús. Amén.

Escrito por Ma. Angelina Gómez Corrales para CBN

 

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Devocionales

Y Dios creó al ser humano a su imagen, lo creó a imagen de Dios. Hombre y mujer los creó, y los bendijo con estas palabras: “Sean fructíferos y multiplíquense; llenen la tierra y sométanla”. Génesis 1: 27-28 (NVI).

El autor de la familia es Dios. Él se complace en la relación genuina del padre, madre e hijos. Si Dios es el centro del hogar, la familia permanecerá unida aún en tiempos difíciles. Por eso, es muy importante la relación de cada uno de los miembros con Dios, y entre ellos mismos, para ir edificándose en amor.

Veamos dos ejemplos: Rahab, la ramera de Jericó, Josué, capítulo 2. Ella escondió en su casa a los dos espías israelitas que venían a observar la ciudad para invadirla y arriesgó su vida con la condición de que salvaran a su familia de una muerte segura. Un cordón rojo atado a una de las ventanas de su casa, sería la señal de vida. Por la fe esta mujer salvó a toda su familia y fue justificada por sus acciones. Santiago 2:25 y Hebreos 11:31

Por el contrario, un hombre llamado Acán desobedeció una orden de Dios, de no tomar ninguna cosa del botín de los enemigos, consideradas como maldición. Acán codició varios objetos de valor y los escondió en su tienda, sin pensar, que le causaría la muerte a toda su familia. Josué 7:13-25

Cada decisión es muy importante, si amamos a nuestros seres queridos. Tomemos en cuenta el deseo de Dios: “Ojalá su corazón esté siempre dispuesto a temerme y a cumplir todos mis mandamientos, para que a ellos y a sus hijos siempre les vaya bien”. Deuteronomio 5:26 NVI. Sigamos sus instrucciones, y oremos para que obtengamos frutos de bendición.

Oración
Padre Celestial, deseo obedecer tu palabra, y velar por mi familia cuidándola y amándola, porque eso te agrada. Te lo pido en el nombre de Jesús. Amén. 

Escrito por Angelina Gómez Corrales para CBN

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Devocionales

“Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo”. 1 Corintios 15: 57 (RV60)

Cuando Moisés envió doce espías de las tribus de Israel a reconocer la tierra que Dios les daría como herencia, diez de ellos trajeron informes negativos que le infundieron temor al pueblo, hasta el punto de querer volverse a Egipto.

Sin embargo, Caleb y Josué animaron al pueblo diciendo: “que ciertamente eran ciudades amuralladas y de gigantes pero que, era una tierra en gran manera buena donde fluía leche y miel. Que no tuvieran temor, que con ellos estaba Dios y que los comerían como pan. Números 14:7

Ante este informe, Moisés le prometió a Caleb el Monte de Hebrón, como herencia perpetua para él y su descendencia por cuanto siguió a Dios. No es sino después de cuarenta y cinco años, que Caleb reclama la promesa, ya teniendo ochenta y cinco años, y según sus propias palabras, sintiéndose tan fuerte como al principio. Así fue como peleó por su heredad y la conquistó. Josué 14:6

Para poseer las promesas que Dios nos ha dado en su palabra, debemos primeramente caminar en rectitud y obediencia. El someternos a Dios hará que el enemigo huya, y nuestra herencia será para los nuestros. Todo depende de cómo nos veamos a nosotros mismos, de nuestra confianza en Dios y de como percibamos al enemigo. Dios es suficiente para empoderarnos en nuestras batallas, y otorgarnos la victoria.

El ejemplo de esta historia nos anima a no retroceder por nada y a ir a conquistar nuestro Hebrón sabiendo de antemano que cuando hay una promesa de parte de Dios nada ni nadie se interpondrá.

Oración:
Padre Celestial te doy gracias por tu palabra, ayúdame a conquistar el territorio que me has entregado por herencia para mi descendencia. En el nombre de Jesús. Amén

Escrito por Angelina Gómez Corrales para CBN

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Devocionales

¿Vale la pena el riesgo? Esa es la pregunta que nos hacemos muchas veces al día, a veces conscientemente, pero sobre todo inconscientemente.

Existen riesgos significativos y riesgos insignificantes. «¿Tengo suficiente tiempo para hacer un café antes de esta reunión?» – no es particularmente peligroso o arriesgado (a menos que tenga un jefe estricto…) Cruzar la carretera – un riesgo potencialmente mortal que muchos de nosotros tomamos con despreocupación. Cómo y cuándo gastar dinero a menudo implica un riesgo: ¿debemos comprar, ahorrar o invertir?

Sin embargo, los mayores riesgos que corremos la mayoría de nosotros son nuestras relaciones. Todas las relaciones significativas, románticas, genéticas o amistosas, implican un grado de riesgo. Son riesgosas porque nos estamos haciendo vulnerables. Para que una relación progrese o profundice, debemos ser conocidos por el otro y eso es aterrador. La apertura puede ser un desafío. Confiar puede ser difícil – especialmente si hemos sido heridos en nuestro pasado.

Nuestro instinto humano es protegernos, cubrirnos a nosotros mismos. Así como Adán y Eva cubrieron su desnudez, al ocultarse de Dios, parte del efecto del pecado sobre nosotros es que ahora sentimos «miedo de estar desnudos». Ser conocido por otro es una perspectiva espeluznante, que nos obliga a arriesgarnos.

El Pastor y autor, Tim Keller, lo expresa así: «Ser amado pero no conocido es reconfortante pero superficial. Ser conocido y no amado es nuestro mayor temor. Pero ser plenamente conocido y verdaderamente amado es, bueno, mucho como ser amado por Dios. Es lo que necesitamos más que nada».

Ese es el Evangelio, la buena noticia de que Dios nos conoce plenamente y que nos ama, que nos da la libertad de ser vulnerables frente a otro, de asumir riesgos y abrirnos a la gente que nos rodea.

Los cristianos deben tener relaciones profundas y veraces porque somos libres de vivir por la aprobación y validación de otras personas. Somos plenamente amados en Jesús – él ha respondido a la gran pregunta «¿Soy digno de ser amado?» Que todos preguntamos – y así, desde ese lugar de seguridad, soy libre de amar a la gente que me rodea.

Soy libre de compartir mis luchas. Soy libre de compartir mis heridas. Soy libre de compartir mis sueños. Soy libre de ser yo mismo y de ofrecerme a otro para ser amado y amar. Soy libre de asumir el riesgo de relación.

Escrito por Fin Sheridan para CBN

 

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Devocionales

El otro día estaba leyendo el primer libro de la serie de las Crónicas de Narnia: El Sobrino del Mago (sí, es un libro para niños, no me juzguen). Es tan interesante volver a leer los libros como adulto, entendiendo el simbolismo de que Aslan es Jesús. Hubo una parte que realmente se destacó para mí…

En el libro, un niño llamado Diggory y una niña llamada Polly son enviados en una misión por Aslan para recuperar el fruto de la vida. Montan en un caballo volador y que además habla (como lo haces tu). El viaje es largo, y tienen que detenerse para descansar. El caballo está comiendo pasto, pero el niño y la niña no tienen nada para comer. Diggory luego se queja diciendo que tiene hambre y se preguntaba por qué nadie había pensado en ordenar la cena.

El caballo le dice: «Estoy seguro de que Aslan lo habría hecho si le hubieras preguntado».

«Pensé que Aslan lo habría sabido sin que se lo pidieran», responde el chico.

El caballo le responde al niño, «No tengo dudas de que lo haría. Pero él sigue siendo del tipo de personas que le gusta que le pregunten».

Encontré este pequeño diálogo entre el niño y el caballo parlante muy interesante. El chico asume que Aslan, que lo sabe todo, ni siquiera necesita que se lo pregunten porque seguramente él ya lo sabe y lo hará de todos modos.

Esto es como nosotros y Dios. A veces no le preguntamos o le decimos cosas porque lo sabe todo, él ya sabe cómo nos sentimos, qué es lo que queremos y qué necesitamos, entonces, ¿por qué molestarse en decirle lo que ya sabe? A menudo me encuentro solo orando a Dios por las cosas grandes, rezando en los momentos de crisis y tormentas inesperadas, pero no ruego sobre las cosas simples e incluso obvias porque, bueno, parecen demasiado simples, demasiado obvias. Creo que no necesito orar por eso porque Dios seguramente ya lo sabe y lo resolverá. O no le digo lo que siento porque creo que ya lo sabe, y bueno… ¿por qué informar a un Dios que todo lo sabe y que puede describir mis sentimientos mejor que yo?

La razón por la que es tan importante preguntarle a Dios es porque así es como se ve una relación. Una relación no es una sola persona que simplemente da silenciosamente lo que se necesita sin conversar.

Si tuviera un hijo (que no tengo, entonces no puedo usar esa excusa para leer libros para niños), me gustaría que me pidan cosas, que me pregunte cuándo necesita ayuda, que no camine con los cordones de sus zapatos desabrochados, esperando que lo vea y lo resuelva por él. Quiero que venga y me diga “Papá, por favor, ¿puedes atarme los cordones de los zapatos?” No quiero que asuma que voy a hacer todo por él sin que él tenga que siquiera reconocerme o preguntar.

Dios QUIERE que le preguntemos a Él, Él quiere que conversemos, Él quiere que miremos hacia arriba y digamos “¿puedes hacer esto por mí?”, “¿Puedes ayudarme en esta situación?”, “¿Puedes darme ese trabajo?” “He estado esperando”, etc. Quiere que le cuentes sobre tu día, sobre qué te hizo feliz y qué te entristeció, con qué miedo luchaste y qué momento celebraste, porque así es como se ve una relación.

Pídale a Dios hoy por las cosas simples. Sí, Él lo sabe todo, Él sabe lo que necesita, Él sabe lo que va a decir incluso antes de que lo haya dicho, pero aún desea que le pregunte, Él todavía quiere que hable con él.

En Marcos 10:51, Jesús le pregunta al hombre ciego: «¿qué quieres que haga por ti?» Seguramente estaba claro que quería sanidad, quería ver otra vez pero Jesús quería que preguntara, quería que él expresara su pedido, quería que conversara con Él y dijera qué era lo que él quería, y fue en ese momento cuando Jesús lo sanó.

Escrito por Fin Sheridan para CBN

 

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Devocionales

Desprecio: hacer caso omiso de algo que debe ser considerado.

«y vio al rey David que saltaba y danzaba delante de Jehová; y le menospreció en su corazón.». 2 Samuel 6:16

Hay muchas cosas que pueden causar daño en sus relaciones. Falta de perdón, amargura, crítica, infidelidad; la lista es larga pero hay una cosa que, cuando encuentra su camino en tu mentalidad y actitud, puede ser increíblemente tóxica. Estoy hablando de desprecio.

El desprecio no es algo de lo que se habla todos los días. Es una palabra fuerte, una palabra impactante. No es algo que admitiríamos fácilmente sentir por alguien. Es muy degradante; Un ataque al mero valor de una persona. Se elabora en la olla de cocción lenta de nuestros corazones: hirviendo a medida que notamos y almacenamos cosas sobre otros que no nos gustan y despreciamos.

Mostramos desprecio a través de la falta de respeto, burlándonos de las personas, a través del sarcasmo y mediante nuestro lenguaje corporal y expresiones faciales. Volteando los ojos cuando ella o él dice algo. Haciendo caras a espaldas. Si alguna vez has estado en una habitación cuando alguien muestra desprecio por otra, sabes exactamente lo horrible que es verla.

Mostrar desprecio hace que las personas se encojan ante nuestros ojos, se retiren, porque les hemos dicho que son tontos, que están equivocados, que no importan. Es el polo opuesto al estímulo, que causa destrucción y dolor entre innumerables parejas, familias y amigos. Los psicólogos a menudo lo citan como el factor más importante en los divorcios. Entonces, ¿Cómo podemos combatirlo?

Arrepentimiento. Lo que en última instancia necesitamos es un cambio de corazón. Ver a alguien con desprecio es pecado y es lo opuesto a cómo Jesús trató a las personas. Si estás despreciando a alguien, debes llevarlo a Dios.

Ánimo. El estímulo es kryptonita al desprecio. Cuando animamos a alguien, en lugar de derribarlos, traemos vida con nuestras palabras.

Recuerda. No todo lo que haces es admirable, loable o divertido. Todos tenemos nuestros defectos y, sin embargo, el desprecio se manifiesta a medida que nos fijamos en las faltas o peculiaridades de otras personas, en lugar de las nuestras.

Por Fin Sheridan para CBN

 

 

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Devocionales

¿Alguna vez has oído hablar de la «Ley de Moore»? A menos que seas un poco geek, te puedes perdonar por no saber qué es eso. En 1965, el Dr. Gordon Moore predijo que la cantidad de transistores que podrían grabarse en un chip se duplicaría anualmente durante al menos una década, lo que conduciría a aumentos astronómicos en el poder de las computadoras. ¿Qué significa eso de manera práctica? Bueno, las computadoras que se usaban llenaban habitaciones. Ahora encajan en monedas de un centavo.

Hay más poder «tecnológico» en mi teléfono que en los dispositivos que usaron los primeros vuelos espaciales. Mi generación es la última en crecer sin internet. Mi esposa es solo cuatro años menor que yo, pero no recuerda haber tenido que dejar de usar un teléfono fijo para «conectarse en línea». Ahora, puedo «conectarme» en cualquier lugar, en cualquier momento, con casi cualquier dispositivo. Mi TV está en línea. La función menos utilizada en mi teléfono es la función de teléfono. Es principalmente un dispositivo de internet. Existe una posibilidad bastante buena de que estés leyendo esto en línea o en una revista con fotos que se obtuvieron en línea.

El internet es enorme. Vasto. Cada segundo, aproximadamente 6,000 tweets son twitteados; Se buscan más de 40,000 consultas de Google; Y se envían más de 2 millones de correos electrónicos. Eso sólo en sitios web. Tenemos acceso a cada bit de datos que podamos desear. Nunca antes la humanidad ha estado tan informada, nunca antes un niño ha podido acceder a todos los conocimientos de la humanidad en un iPad.

Usted pensaría que a estas alturas estaríamos viviendo en una utopía, un mundo completamente nuevo, sin pena ni sufrimiento, nuestros avances tecnológicos nos liberan de los efectos del pecado y la guerra y la enfermedad y el hambre. Seguramente somos la gente que deberíamos haber sido, seguramente todos tienen la misma oportunidad, la misma cantidad de recursos y, ¿el mundo es seguro ahora?

Y sin embargo, parece que estamos muy lejos de eso, ¿no es así? Por todos nuestros avances, no hemos avanzado mucho. Hemos avanzado, claro, pero no necesariamente en las direcciones que más importan. Aún no hemos hecho historia de la pobreza. Hay guerras y rumores de guerras, economías que crujen bajo el peso de la codicia, personas que viven muy por debajo de un nivel digno de vida, culpa de la corrupción gubernamental.

Podemos ser informados instantáneamente de estos desarrollos, las «noticias de última hora» que se dan todo el tiempo. Sin embargo, nuestra información no nos ha llevado a la transformación. No somos menos egoístas, ni menos vanos, ni menos propensos al pecado. Sabemos mucho más, pero ese conocimiento no ha llevado al cambio. Somos conscientes de la necesidad de nuestros vecinos, pero no estamos más motivados para ayudar. En todo caso, nuestra tecnología solo nos ha hecho más autocentrados. Somos la Selfie.

Está claro que la transformación es lo que más necesitamos; No más información. Hay que reiniciar nuestros corazones; nuestro sistema interno cableado. Ninguna aplicación o innovación de Silicon Valley puede hacer eso por nosotros. Claro, nuestro comportamiento puede modificarse por un tiempo, pero nuestros corazones permanecen sin cambios. Si tienes un Fitbit o un Polar para Navidad, entonces sabes lo que quiero decir. Puedes contar tus pasos, medir tus calorías, pero todavía maldecirás a la persona que se retira frente a ti en el tráfico.

Solo hay una cosa que tiene el poder de cambiar a la humanidad y eso es el Evangelio. Viene a través de escuchar (Romanos 10:17), pero no solo es información, la palabra acerca de Cristo, sino que también es transformación. Nos cambia. Pablo dice que es el PODER de Dios para la salvación (Romanos 1:16). A medida que recibimos y procesamos esta descarga celestial, cambia nuestro corazón: Nos transforma más de lo que nos informa.

La información sobre Dios es buena, pero la transformación a través de la revelación es aún mejor. Cuando nos encontramos con la palabra de Dios, esto cambia lo que somos. Uno de los problemas que los médicos tienen que enfrentar hoy en día es el autodiagnóstico y la búsqueda en Google de los síntomas, lo que lleva a las personas a pensar que pueden tener ciertas afecciones. Sin embargo, incluso si usted se autodiagnóstica, debe acudir a un médico para recibir tratamiento. La información no es suficiente. La Palabra de Dios no es así. El Evangelio diagnostica nuestro problema y nos ofrece la solución.

El reto para nosotros es filtrar la información, lo bueno y lo malo, lo útil y lo sin sentido. Nuestra misión debe ser la búsqueda de la verdad, el deseo de encontrar lo que Dios está diciendo y alimentarnos de eso. La verdad lleva a la transformación, cambiará quienes somos. Sé que pierdo demasiado tiempo en información; navegando sin pensar el internet a través de innumerables videos divertidos y artículos tontos, mientras que mi carácter, corazón y mente claman por lo significativo, lo verdadero y lo transformador.

Escrito por Fin Sheridan para CBN

 

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Devocionales

Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención;  para que, como está escrito: El que se gloría, gloríese en el Señor. 1 Corintios 1:30-31

Desde las civilizaciones más antiguas, se ha perseguido la sabiduría. Desde el sabio de la aldea en las tribus de la jungla, hasta los filósofos de los imperios griegos y romanos, hasta los «gurús» actuales y los asesores de autoayuda, los humanos han reconocido el valor de la sabiduría. Han invertido su oro y su tiempo para buscarlo. Esto podría hacer que sea la cosa más valiosa del planeta. Es una palabra difícil de definir, pero la conocemos cuando la vemos.

Sabemos de forma intuitiva cuando alguien tiene el sentido, el conocimiento y el buen juicio del que podemos beneficiarnos. La sabiduría es la capacidad de sopesar decisiones y circunstancias y navegar bien los desafíos de la vida. Es una brújula preciosa mientras navegamos a través de la existencia.

Entonces, pasemos al versículo de 1 Corintios 1. Pablo ha estado hablando acerca de cómo la más alta sabiduría del hombre apenas roza la superficie de la sabiduría de Dios; de hecho, se describe mejor como una tontería, es tan lamentable. Entonces, después de darnos esas buenas nuevas, él nos entrega esta maravillosa conclusión: «Cristo Jesús se ha convertido para nosotros en sabiduría de Dios».

Dios no solo nos dio algo de sabiduría, un poco de polvo para tomar decisiones, sino que nos dio a Jesús. La razón es que Jesús es tan sabio que se parece más a la definición de sabiduría. Él personifica la sabiduría, es el ejemplo perfecto de la sabiduría. De hecho, en Mateo 12:42, Jesús dice acerca de sí mismo que «alguien más grande que Salomón está aquí». No solo tenemos un sabio consejo: tenemos la misma definición de sabiduría, envuelta en una Persona.

Llevemos este asombroso pensamiento aún más lejos. Estás en Cristo Jesús. Cristo Jesús es la definición de sabiduría (y, mientras estamos en eso, la persona de justicia más pura, la persona de santificación completa, la persona de redención total). Porque estamos «en Cristo», tú y yo estamos rodeados de sabiduría, no de la lastimosa sabiduría del hombre y sus filosofías, sino de la sabiduría celestial de quien conoce todas las cosas. Estamos envueltos en Él, y Él es completamente sabio.

Ahora, hablamos sobre cuán valiosa es la sabiduría al principio de este artículo. Por lo general, la sabiduría cuesta algo: el tiempo empleado en aprender, las finanzas intercambiadas por conocimientos o consejos. Piense en un empresario que contrata a un consultor para que le brinde conocimiento y sabiduría; a menudo entrega grandes cantidades de dinero porque sabe que el asesoramiento vale más a largo plazo. Podemos deslizarnos en esta transacción pensando con Dios: Él dará sabiduría a sus favoritos, a los que se comportan bien o a los que lo hacen bien. Se lo dará a los pastores y líderes, a los autores y maestros. Tenemos que intercambiar obras por sabiduría.

Sin embargo, esto simplemente no es verdad, y la Biblia habla directamente en contra de eso. La sabiduría no puede ser intercambiada por la santidad. Santiago 1:5 lo hace increíblemente claro: «Si alguno de ustedes carece de sabiduría, debe preguntarle a Dios, quien da generosamente a todos sin encontrar faltas, y le será entregada». La sabiduría se da como gracia. Es un regalo de Dios y uno que Él quiere darnos generosamente. Él da «sin encontrar fallas». Esto tiene mucho sentido, ¡es para los que están en Cristo! Así como no pudimos ganar nuestra justicia o nuestra redención, tampoco pudimos alcanzar la sabiduría. Se ofrece gratuitamente, un glorioso efecto secundario del Nuevo Ser.

Sin embargo, esta no es solo una feliz verdad teológica, sino que choca directamente contra las tuercas de nuestra vida cotidiana. El don gratuito de la sabiduría podría revolucionar la forma en que tú y yo lo hacemos, bueno, todo. Imagina ser padre con la sabiduría de Dios, en lugar de tus mejores ideas o las que encuentras en libros (nada en contra de los libros), pero no es sabiduría comparable.

Imagine trabajar en su trabajo, tomar decisiones con el Espíritu Santo que lo empuja a través de los cientos de decisiones que tiene que hacer. Imagina administrar tu dinero, comprar una casa, invertir tu tiempo, perseguir tus sueños, todo con la ayuda de Jesús, la definición de la sabiduría en sí misma. Imagina cuán diferentes podrían ser nuestras vidas, si le pidiéramos a Dios por su sabiduría, confiando en que está completamente disponible para nosotros a través de Jesús.

Escrito por Fin Sheridan para CBN

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Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.
Hebreos 11:6 (RV60)

Estamos viviendo en tiempos de grandes inventos en la medicina, y especialidades médicas, que sin duda alguna ayudan a la gente en su lucha contra enfermedades, pero que también tienen sus límites. Ante tanto sufrimiento, es tiempo de volver a confiar y a creer en un Dios que siempre ha tenido misericordia y compasión por la humanidad.

Jesús vino no solo a salvarnos sino a sanar toda enfermedad y dolencia en el pueblo. Por lo tanto, es necesario que nuestra fe en Jesús sea capaz de recibir eso que tanto necesitamos, en cualquier área de nuestra vida, con solo pedir con fe como dijo Él, “y recibiremos”.

Mucha gente se acercó a Jesús, clamó con fe y recibió su milagro. Hubo lugares donde sanó a todos, cumpliéndose las escrituras: “El mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias” San Mateo: 8:17

En cambio, en Nazaret no hizo muchos milagros a causa de la incredulidad de ellos. S. Mateo 13:58.

Nuestro reto de hoy, es creer para recibir. Jesús contó una parábola sobre la necesidad de orar siempre y no desmayar. “Una viuda le pide a un juez injusto insistentemente que le haga justicia y aunque no quiso por algún tiempo, y para no perder la paciencia, le hizo justicia”. Lucas 18

Y luego les hace una pregunta: ¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos que claman a Él día y noche? Os digo que pronto les hará justicia. Dios quiere que persistamos en la oración y está interesado en que recibamos nuestro milagro.

Oración
Padre Celestial, en el nombre de Jesús, quiero creer con todo mi corazón en tus promesas, escritas en tu Palabra para recibir lo que necesito. Amén.

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“Estad pues firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estén otra vez sujetos al yugo de esclavitud”. Gálatas 5:1 (RV60)

Hemos leído y escuchado mucho sobre el tema del perdón y la paz que ha traído a nuestro corazón haber obedecido a Dios, perdonando las ofensas.

Hoy voy a enfocarlo desde otro punto de vista, pero que también nos puede perjudicar. Lo llamo “perdón indirecto”, porque la ofensa no es contra nosotros sino: contra un ser querido, una amiga en fin todo lo que pasa a nuestro alrededor diariamente, una mala noticia que escuchamos o injusticias que nos duelen mucho, que nos pueden causar odio, resentimiento y enojo.

Como consecuencia, nos vamos a estancar espiritualmente.

El apóstol Pablo vivió una experiencia similar, cuando en la Iglesia de Corinto, había un hombre que cometió un pecado grave contra otro, además de molestarse por esos hechos, los exhorto’ duramente por haberlo tolerado. 1 Corintios 5:2-5. Este hombre se arrepiente y Pablo cambia su mensaje, pidiéndoles que lo perdonen y lo consuelen como él ya lo ha hecho, en presencia de Cristo”. 2 Corintios 2:10

Veamos otro ejemplo: Cuando una persona le debe a otra un dinero y no le paga, ya sea, porque no puede o no es su prioridad. Nuestra reacción es enojarnos [porque consideramos a la persona que hizo el favor. Cualquiera que sea la motivación, debemos tener misericordia, y orar perdonando de todo corazón. “Para que Satanás no gane ventaja alguna sobre nosotros, pues no ignoramos sus maquinaciones”. 2 Corintios 2:11

Jesús dijo: Mas sino perdonan a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre perdonara’ vuestras ofensas”. San Mateo 6:15

Otros culpan a Dios de todo lo malo que sucede, ignorando que su voluntad es buena, agradable y perfecta para todos los que le buscan y hacen su voluntad. Romanos 12

Oración
Padre Celestial, enséñame y dame un corazón perdonador como Jesús me ha perdonado.

Escrito por Angelina Gómez Corrales para CBN

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