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Devocionales

“Porque Él hiere, pero venda la herida; golpea, pero trae alivio”.  Job 5:18 (NVI) 


Mi padre cogió el largo y delgado bisturí del mostrador, sacó lentamente la navaja afilada y la dirigió hacia mi mano. Tiré con fuerza, mis venas palpitaban, pero no me soltó.
 

 

Miró fijamente a mis ojos y dijo: -“Tienes que permanecer inmóvil. Todo pasará en un minuto”. 


Clavé mis uñas en su piel, tratando desesperadamente de hacer palanca con el puño abierto de mi mano libre. Sin embargo, sus dedos eran como de hierro. A medida que su hoja afilada y fría atravesó mi piel, grité y me tiré en el suelo. La sangre brotaba en mi muñeca. Soltó mi mano.
 


– “Hubiera sido mucho menos doloroso, si te hubieras mantenido tranquilo y hubieses confiado en mi”, me respondió.
 


Él estaba en lo correcto. Mi papá era un cirujano, había salvado muchas vidas y curado muchas heridas… mucho peores que la mía. De hecho, papá tenía razón en muchas cosas que siempre me decía.
 


Todo mi dolor y el sufrimiento por la herida que él estaba curando pudieron haberse evitado si yo hubiera simplemente confiado y obedecido.
 


En la vida, todos actuamos así en muchos momentos; de hecho, cuando no confiamos y obedecemos las advertencias de nuestro Padre Celestial, nos arriesgamos a sufrir más de lo necesario.
 


Él nunca nos dañará, y cuando deba cortar algo aún en nuestro corazón y nuestra vida, sabrá sanar las heridas.
 


Oración
 

Señor, enséñame a confiar en ti. Ayúdame para que la duda y la desesperación no se alojen en mi vida y me lleven a decisiones equivocadas. En el nombre de Jesús, amén. 


Escrito por Kathy Thomas, para CBN.
 


 

¿Puede Dios cambiar tu vida? 

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Devocionales

Recientemente, el mundo entero comenzó a recuperarse de las repercusiones de una pandemia que tuvo profundas consecuencias en nuestra sociedad. En lugar de escuchar situaciones esperanzadoras, nos enfrentamos a rumores de recesión económica y condiciones de guerra en áreas estratégicas que no solo generan profundos daños a las naciones involucradas y sus vecinos más cercanos, sino que sus secuelas se expanden internacionalmente.

 

Todo esto parece coincidir perfectamente con lo que nos anuncia la Biblia en Apocalipsis 6, donde habla de la ausencia de paz, epidemias, hambrunas y hasta el aumento acelerado de los precios que cabría esperar en los últimos tiempos. El capítulo concluye con unos versos que aclaran que ni la riqueza, el poderío militar ni la influencia social pueden ser suficientes para “ganar” en estas situaciones.

 

“Entonces los reyes de la tierra, los príncipes, los generales, los ricos, los poderosos y todos los demás, así esclavos como libres, se escondieron en cuevas y entre las rocas de las montañas. Gritaron a las montañas y las rocas: “¡Caed sobre nosotros y escondednos del rostro de aquel que está sentado en el trono y de la ira del Cordero! porque ha llegado el gran día de su ira, y ¿quién podrá resistirlo? Apocalipsis 6:15-17 NVI.

 

Ante esto, es natural cuestionarnos sobre dónde encontrar esperanza y cómo transmitirla a otros que sufren. Si bien las condiciones de este mundo no parecen mejorar, no siempre podemos prometer a quienes enfrentan las crisis más complejas que sus condiciones pronto serán diferentes.

 

Sin embargo, considerando que nuestro papel en este mundo seguirá siendo el de llevar luz en medio de las tinieblas, no podemos desistir en la tarea de llevar esperanza a los demás. Debemos reenfocar nuestros esfuerzos para llevar a los que sufren a una verdad que pueda llenar sus corazones de paz y generar confianza para un futuro mejor.

 

Junto a un equipo internacional de Operación Bendición, he tenido la oportunidad de formar parte de proyectos recientes en la zona fronteriza entre Polonia y Ucrania, que brindan ayuda a los más afectados por la guerra. Es precisamente en estos escenarios que nos damos cuenta de que nuestra esperanza no puede descansar en cosas temporales. Las cosas temporales pueden desaparecer fácilmente ante sus ojos, ya que millones de ucranianos hoy en día han visto desaparecer sus trabajos estables, sus hogares, sus familias o incluso sus sueños.

 

El libro de Romanos, en el capítulo 8, nos recuerda que el sufrimiento es parte de este mundo, y que incluso Jesús sufrió durante su paso por esta Tierra; pero al mismo tiempo nos llena de esperanza al recordarnos cuál es su promesa para los que ponen su confianza en Él.

 

“Ahora bien, si somos hijos, entonces somos herederos: herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que participamos de sus sufrimientos para que también podamos participar de su gloria”. Romanos 8:17-18 NVI.

 

Si estás viviendo una temporada de profundo dolor y sufrimiento es la realidad diaria en la que vives, te recuerdo que estos escenarios son una oportunidad perfecta para acercarte a Jesús y conocerlo de una manera más personal. Él comprende perfectamente tu dolor, te acompañará en tu sufrimiento y es el único que puede darte acceso a la verdad de un futuro mejor, la vida eterna con él.


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Biografía del autor: Daniel Castro Jiménez

Coordinador de Ayuda Humanitaria de la Operación Bendición Costa Rica y Gerente temporal del almacén de Przemyśl en Polonia con el equipo internacional de socorro en casos de desastre de la Operación Bendición. Ha estado trabajando con Operación Bendición durante 4 años en el desarrollo de programas de ayuda humanitaria en Costa Rica y brindando apoyo al equipo internacional de desastres. Daniel nació en Costa Rica y es el menor de 4 hermanos. Le gustan las actividades al aire libre y el aire libre. Actualmente, vive en Polonia desde hace más de 6 meses, como parte de las actividades de socorro en la crisis provocada por la guerra en Ucrania.

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