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Devocionales
“Que, si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad”. 1 Juan 1:9 (RV60)

El Salmo 32 nos describe la experiencia de un hombre que pasó por el proceso de callar su pecado y sentir la dicha de ser perdonado, cuando lo confesó. Y como lo expresa el título, podemos ver lo dichoso o bienaventurado que es el hombre que ha sido perdonado, no solo porque su pecado es borrado sino porque ya Dios no lo culpa de iniquidad, y en su espíritu ya no hay engaño. Vs.2

Este salmo nos narra el proceso que tuvo este hombre cuando calló su pecado: se envejecieron sus huesos, se fue debilitando, su corazón gemía por dentro, noche y día sentía la mano de Dios que pesaba sobre él. Vss 3-4. Hasta que confesó su pecado y ya no encubrió más su falta. Vs.5

Resumiendo, veamos las recompensas para el hombre que teme al Señor: Hay un tiempo específico para buscar al Señor y hallarlo; nos promete que en la prueba nos guardará de la angustia; nos hará entender y enseñará el camino por donde debemos andar. También nos exhorta a no ser como el caballo o como el mulo, que tienen que ser sujetados para que obedezcan. Vss.6-7-9

Es motivo de gozo, alegría y alabanza a Dios, poder disfrutar de la dicha de ser perdonados porque sus frutos son paz y bendición. Tenemos un Salvador que llevó nuestros pecados en la cruz. “Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado”. El Espíritu Santo nos invita a acercarnos al trono de gracia, donde el Señor siempre nos recibirá con perdón y misericordia, y promete enseñarnos el camino.

Oración
Padre, gracias porque la sangre de Jesucristo, tu Hijo, me limpia de todo pecado. 1 Juan 1-7b

Escrito por Angelina Gómez Corrales para CBN
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Devocionales
“(…) hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente”. Lucas 15:10 (RV60).

Jesús, en la primera parábola que vamos a exponer, hace mención a un hombre que tiene cien ovejas y pierde una por accidente y dejando las noventa y nueve va tras la que se perdió y cuando la encuentra, la trae a su casa, reúne a sus amigos y vecinos para celebrar, con gozo, haber encontrado su oveja. Lc.15:4

En la segunda parábola nos menciona a la mujer que tiene diez dracmas y que al perder una, por descuido, enciende su lámpara y barre la casa buscándola con diligencia, y cuando la encuentra reúne a sus amigas y vecinas para gozarse grandemente por haberla recuperado. Lc.15:8

También, en el caso del hijo pródigo que pide su herencia y se marcha de su casa porque quiere vivir su vida a su antojo. Cuando ha malgastado todo y siente hambre y abandono, regresa a su Padre y arrepentido le pide perdón. Este no había perdido la esperanza de verlo regresar, y lleno de compasión y misericordia, lo vistió, le puso calzado y un anillo en su mano. Y comenzaron a hacer fiesta y a regocijarse por haberlo recibido bueno y sano. Lc.15:11

En estos tres casos notamos la celebración que hubo porque nada se perdió, sino que todo regresó a sus dueños. De igual manera, valemos mucho para nuestro Padre, es un privilegio que nos haya escogido como sus hijos, dejémonos cuidar, pastorear y bendecir. Él no renuncia a nosotros y si nos hemos descarriado o alejado, nos está esperando con sus brazos abiertos para que regresemos a casa.

… “Y si pecamos, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el Justo”. 1 Juan 2

Oración
Padre, gracias por salvarme y perdonarme y porque a través de Jesús, tengo vida eterna.

Escrito por Angelina Gómez Corrales para CBN
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Devocionales

«Entonces les diré claramente: «Jamás los conocí. ¡Aléjense de mí, hacedores de maldad!» Mateo 7:23.

Escrito por Katia Salame. Escritora invitada.

Fue un día como cualquier otro, pero por algún motivo estaba muy alegre. Cuando llegué al lugar donde trabajo abrí mi cartera para sacar mi carnet, pero no lo encontré.

Sin embargo, me acerqué a la caseta del guardia y dije: «Buenos días». La respuesta que recibí fue: «¿Quién es usted?». Le sonreí y dije mi nombre. El guarda sólo me miraba y preguntó: «¿Alguien de esta oficina podría identificarla?».
 
Estaba segura de que el guarda me reconocía, pero ante su insistencia seguí de buen genio y le di la extensión de mi compañera más cercana; nadie respondió. El guarda no me quería dejar pasar y empecé a frustrarme. Quería decirle: «¡Usted sabe que trabajo aquí!», pues hace poco le había hecho un favor, pero me quedé callada.

Hacía unos días, en una tarde lluviosa vi una bufanda atascada en un árbol dentro de la propiedad donde trabajamos. Pensé que era muy hermosa y que debía pertenecerle a alguien de la oficina. La rescaté y la llevé donde el guarda. Él estaba muy contento ya que era un regalo que le había dado su esposa. «Gracias por salir en el aguacero a traérmela», dijo, «le debo un gran favor».

Pero mientras esperaba que me dejara entrar, vino a mi mente otro pensamiento: ¿Cómo sería la seguridad en la entrada al cielo? ¿Realmente me merezco poder entrar? ¿Qué pasaría si no tengo mi identificación o mi carnet para ingresar al cielo?

Al contrario de la situación en mi trabajo, en el cielo tengo una identificación firmada por Jesús mismo. No tendré que recordar esos «favores», porque cosas buenas no me van a dar el paso.

El día de este incidente en la puerta creí conocer al guarda por el favor que le había hecho, pero ¿realmente era así? –creo que no. Y ahora, ¿realmente conocemos a Jesús?

Oración

Oh Dios, por mucho tiempo he creído conocerte, pero reconozco que no ha sido así. No te conozco, no tengo una relación contigo, no te he buscado cada día de mi vida. Comprendo que te necesito. Perdona mis pecados para poder acercarme a ti. Transforma mi vida y ayúdame a tener una nueva relación contigo, como tu hija, y conocerte de verdad. En el nombre de Jesús. Amén.

 

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