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Devocionales

Que el Dios de la esperanza los llene de alegría y paz a ustedes que creen en él, para que rebosen de esperanza por el poder del Espíritu Santo. Romanos 15:13 (NVI)


La palabra esperanza significa vivir con la expectativa de un futuro mejor, como bien lo dice, es esperar cambios favorables.


Quizás te preguntes por qué no ha llegado la respuesta que necesitas a esa situación que enfrentas o por qué si has orado con fe no has recibido aún tu petición. Pero déjame recordarte que todas las promesas que ha hecho Dios son “sí” en Cristo. 2 Corintios 1:20


Los planes que Dios tiene para cada uno de nosotros son siempre los mejores: si le buscamos de todo corazón, guardamos su palabra y hacemos su voluntad. “Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes – afirma el Señor- , planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza”. Jeremías 29:11


En una situación muy difícil que enfrentó el pueblo de Israel: sequía, escasez, hambre; Dios les envió al profeta Joel con un mensaje de esperanza, animándoles a humillarse y a volverse a Dios con todo su corazón, para cambiarles su condición en bendiciones. Les prometió sanar su tierra y enviarles lluvia temprana y tardía como al principio: multiplicar el alimento, quitar toda plaga, miseria y vergüenza, y restituir lo perdido.


Nunca es tarde, no te desalientes, no pierdas la esperanza; Dios no ha terminado su obra en ti. Él te promete paz, libertad, salvación y vida eterna. Y si te has alejado, regresa a casa hoy, su amor es eterno, aún hay esperanza para un futuro mejor.


Oración

Padre Celestial, necesito un cambio en mi vida y quiero tener la esperanza de que harás cosas nuevas. Espíritu Santo, enséñame el camino para continuar. Jesús, perdóname, quiero que seas mi Señor y Salvador personal. Amén

Escrito por Angelina Gómez Corrales para CBN Latino
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Devocionales

Yo soy la vid, y ustedes son las ramas el que permanece en mí, como yo en él, dará mucho fruto; separados de mí no pueden ustedes hacer nada. San Juan 15:15 (NVI)


La Palabra de Dios nos menciona el fruto del Espíritu Santo como un todo, pero en realidad se divide en nueve frutos. Él espera que este fruto se desarrolle en nuestras vidas y solo permaneciendo en la vid y guardando su palabra llevaremos mucho fruto.


Los primeros tres son: amor, gozo y paz y se refieren a sentimientos y actitudes que son parte de Dios. Como hijos debemos de imitar a nuestro Padre andando en amor y disfrutando de su paz y gozo. 1 Corintios 13 (RV60)


Los segundos frutos son: paciencia, benignidad y bondad, y nos enseñan como debemos de ser con las demás personas, y a tener paciencia y bondad aún con los que no se lo merecen.  


El tercer grupo que son: fe, mansedumbre y templanza o dominio propio. Recordemos que todo esto lo produce el Espíritu Santo en nosotros si se lo permitimos y tienen que ver con la forma en que nos conducimos en nuestra vida espiritual. Cuando tenemos duda, miedo, tristeza, falta de perdón, juicio, impaciencia, estos frutos nos hacen permanecer firmes haciendo lo correcto.


Es importante entender que hasta la semilla más pequeña crece, dando frutos.  Cuanto más nosotros si le permitimos al Espíritu Santo llenarnos y equiparnos de estos frutos para agradar a Dios.


Romanos 8:6 cita: “Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz”. El anhelar el fruto del Espíritu Santo nos permite parecernos a nuestro Dios y permanecer en su palabra gozando de toda esta gama de frutos que nos benefician a nosotros para tener una vida cristiana victoriosa.


Oración

Señor, anhelo ser lleno del Espíritu Santo para parecerme más a ti.

 

Escrito por: Angelina Gómez Corrales

 

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Devocionales
“Que, si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad”. 1 Juan 1:9 (RV60)

El Salmo 32 nos describe la experiencia de un hombre que pasó por el proceso de callar su pecado y sentir la dicha de ser perdonado, cuando lo confesó. Y como lo expresa el título, podemos ver lo dichoso o bienaventurado que es el hombre que ha sido perdonado, no solo porque su pecado es borrado sino porque ya Dios no lo culpa de iniquidad, y en su espíritu ya no hay engaño. Vs.2

Este salmo nos narra el proceso que tuvo este hombre cuando calló su pecado: se envejecieron sus huesos, se fue debilitando, su corazón gemía por dentro, noche y día sentía la mano de Dios que pesaba sobre él. Vss 3-4. Hasta que confesó su pecado y ya no encubrió más su falta. Vs.5

Resumiendo, veamos las recompensas para el hombre que teme al Señor: Hay un tiempo específico para buscar al Señor y hallarlo; nos promete que en la prueba nos guardará de la angustia; nos hará entender y enseñará el camino por donde debemos andar. También nos exhorta a no ser como el caballo o como el mulo, que tienen que ser sujetados para que obedezcan. Vss.6-7-9

Es motivo de gozo, alegría y alabanza a Dios, poder disfrutar de la dicha de ser perdonados porque sus frutos son paz y bendición. Tenemos un Salvador que llevó nuestros pecados en la cruz. “Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado”. El Espíritu Santo nos invita a acercarnos al trono de gracia, donde el Señor siempre nos recibirá con perdón y misericordia, y promete enseñarnos el camino.

Oración
Padre, gracias porque la sangre de Jesucristo, tu Hijo, me limpia de todo pecado. 1 Juan 1-7b

Escrito por Angelina Gómez Corrales para CBN
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