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Devocionales

Si hay algo que está disponible en el mundo en este momento, es una mala noticia. Está en todas partes; con cada ciclo de noticias rebosante de historias de caos y peligro. Se produce un clima de miedo y ansiedad, sin importar dónde se encuentre en el mundo. Tampoco se trata solo de una gran escala global.

Todos los días me encuentro con personas que viven con un temor de “qué pasaría si”, aterrorizados por desconocidas malas noticias pero totalmente esperadas. Tengo que ser sincero, me parece infeccioso este miedo. Quizás tú también.

Cuando buscamos consuelo en la Biblia, podemos encontrarla revestida en una manera que no esperamos. A menudo somos culpables de creer las mentiras de que el cristianismo significa que ya no experimentamos malas noticias o, peor aún, que debemos fingir que las malas noticias no son malas. Ese simplemente no es el caso: el Salmo 112 es una descripción de un hombre justo y en los versículos 7-8 encontramos estas palabras:

“No tendrá temor de malas noticias; Su corazón está firme, confiado en Jehová. Asegurado está su corazón; no temerá, Hasta que vea en sus enemigos su deseo”. Salmo 112: 7-8
Incluso el hombre justo (¡o la mujer!) Experimentará malas noticias, eso es parte de vivir en un mundo caído. Sin embargo, la diferencia para aquellos de nosotros que conocemos a Jesús es nuestra respuesta a estas malas noticias. Nuestra carne reacciona naturalmente en el miedo; pero, a medida que seguimos a Dios, aprendemos una nueva respuesta; confianza.
 
Mire las palabras que usa el salmista: No tenga miedo. Firma. Confianza. Estable. Estas son nuestras experiencias prometidas cuando confiamos en Dios a través de nuestras malas noticias. El camino para confiar en Dios es simplemente aceptar que nos ama. Él me ama… así que me mantendrá a salvo. Él me ama… por lo que proveerá. Él me ama… por lo que hará un camino. Por eso Juan, en 1 Juan 4:18, nos recuerda que no hay temor en el amor: saber que el amor de Dios hará que florezca la fe y la confianza, mientras sofoca la maleza del miedo.
 
Las malas noticias son inevitables, pero nuestra reacción es una elección. El miedo puede ser nuestra primera respuesta, pero, al igual que un clavadista olímpico, podemos sumergirnos con confianza en el pozo profundo del amor del Padre por nosotros, que eliminará nuestros temores.
 
Escrito por Fin Sheridan para CBN
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Devocionales
“…¡Dichoso el que confía en el Señor!” Proverbios 16:20 (NVI).

Escrito por Kay Camenisch. Escritora invitada

Tenía sentimientos encontrados sobre visitar a mi madre. Tenía 93 años y no me había reconocido durante años, parecía que no escuchaba lo que decía y era muy difícil conversar con ella. Oraba silenciosamente para que Dios nos permitiera conectarnos de alguna forma, que pudiera serle de bendición.
 
Mi mamá, quien padece de Alzheimer, quedaba como si nada al vernos. Quería preguntarle a mi esposo si el viaje de seis horas había valido la pena, cuando recordé una pregunta que yo había hecho tiempo atrás. “Mamá, ¿eres feliz?” le pregunté. Luego de una gran pausa respondió: “No lo he considerado. ¿Qué se necesita para estar feliz?”
 
“Supongo que la felicidad significa estar contenta”, dije. Aún sin mostrar ninguna emoción, ella contestó: “Sí, se puede decir que tengo contentamiento”.
 
El Señor respondió a mi oración, me dejó conectarme con mi madre. También Él me habló por medio de ella. ¿Qué se necesita para ser feliz?
 
Pasamos mucho tiempo y energía buscando la felicidad, como si nos la deben. Incluso los adultos toman grandes decisiones con el fin de ser felices. Pero, ¿cuántos realmente consideramos qué se necesita para ser feliz?
 
Muchas veces buscamos nuestra felicidad en cosas que dicta la sociedad: posesiones, éxito, prestigio o diversión (comida, inmoralidad, drogas, etc.). Buscamos en cosas temporales.
 
¿Qué dice Dios sobre la felicidad? Tanto en el Antiguo, como en el Nuevo Testamento, se traduce muchas veces la palabra felicidad con “bendecido”, “dichoso” o “bienaventurado”; en otras palabras, la felicidad genuina viene de la mano de Dios.
 
Muchos versículos muestran una perspectiva distinta de la autofelicidad que buscamos, por ejemplo:
 
“¡Cuán dichoso es el hombre a quien Dios corrige!” – Job 5:17
 
“¡Dichoso el que se compadece de los pobres!” – Proverbios 14:21
“¡Dichosos los que son obedientes a la ley!” – Proverbios 29:18
“En verdad, consideramos dichosos a los que perseveran…” – Santiago 5:11
“Dichosos ustedes si los insultan por causa del nombre de Cristo.” – 1° Pedro 4:14
No sé si mi mamá fue bendecida con mi visita, pero yo sí. “¡Dichoso el que confía en el Señor!” (Proverbios 16:20).
 

Oración

Señor, gracias por enseñarme a ser feliz y a medir lo que puede hacerme dichoso con otros parámetros que no siempre la gente toma en cuenta. Amén.

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Devocionales
“Entonces les diré claramente: “Jamás los conocí. ¡Aléjense de mí, hacedores de maldad!” Mateo 7:23.

Fue un día como cualquier otro, pero por algún motivo estaba muy alegre. Cuando llegué al lugar donde trabajo abrí mi cartera para sacar mi carnet, pero no lo encontré. Sin embargo, me acerqué a la caseta del guardia y dije: “Buenos días”. La respuesta que recibí fue: “¿Quién es usted?”. Le sonreí y dije mi nombre. El guarda sólo me miraba y preguntó: “¿Alguien de esta oficina podría identificarla?”.
 
Estaba segura de que el guarda me reconocía, pero ante su insistencia seguí de buen genio y le di la extensión de mi compañera más cercana; nadie respondió. El guarda no me quería dejar pasar y empecé a frustrarme. Quería decirle: “¡Usted sabe que trabajo aquí!”, pues hace poco le había hecho un favor, pero me quedé callada.

Hacía unos días, en una tarde lluviosa vi una bufanda atascada en un árbol dentro de la propiedad donde trabajamos. Pensé que era muy hermosa y que debía pertenecerle a alguien de la oficina. La rescaté y la llevé donde el guarda. Él estaba muy contento ya que era un regalo que le había dado su esposa. “Gracias por salir en el aguacero a traérmela”, dijo, “le debo un gran favor”.Pero mientras esperaba que me dejara entrar, vino a mi mente otro pensamiento: ¿Cómo sería la seguridad en la entrada al cielo? ¿Realmente me merezco poder entrar? ¿Qué pasaría si no tengo mi identificación o mi carnet para ingresar al cielo?

Al contrario de la situación en mi trabajo, en el cielo tengo una identificación firmada por Jesús mismo. No tendré que recordar esos “favores”, porque cosas buenas no me van a dar el paso.El día de este incidente en la puerta creí conocer al guarda por el favor que le había hecho, pero ¿realmente era así? –creo que no. Y ahora, ¿realmente conocemos a Jesús?

Oración
Oh Dios, por mucho tiempo he creído conocerte, pero reconozco que no ha sido así. No te conozco, no tengo una relación contigo, no te he buscado cada día de mi vida. Comprendo que te necesito. Perdona mis pecados para poder acercarme a ti. Transforma mi vida y ayúdame a tener una nueva relación contigo, como tu hija, y conocerte de verdad. En el nombre de Jesús. Amén.

Escrito por Katia Salame. Escritora invitada.
 
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