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little devo dogNuestra iglesia es el hogar de pequeñas lagartijas. Se alimentan de insectos, no dejan ningún lío, y no asustan a nadie. Son mis amigos, y yo les he puesto el mismo nombre a todos, Leonardo. Cada uno de ellos se llama Leonardo.

Una día entre semana en la tarde llevé conmigo a mi perrita a la oficina de la iglesia. La dejé en el pasillo durante menos de un minuto y cuando regresé vi una carnicería de Leonardo tirado por toda la alfombra. Su cuello fue abierto de una mordida, su cuerpo aplastado, y la cola arrancada de un mordisco. Por lo menos tuvo una muerte rápida.

Mi pequeño Yorkshire terrier, de apenas diez libras y siempre tierno, se pareaba de un lado al otro, al parecer orgullosa de su grandiosa victoria sobre el diminuto reptil. Por supuesto que mató a la lagartija. Eso es lo que hacen los perros por diversión. Mi perro sabe de muy pocas criaturas más pequeñas que ella y por supuesto no se perderá la oportunidad de tomar ventaja de ello. Después de todo, los pájaros siempre se escapan. Pero no este lagarto. ¡Lo atrapé! ¿Amo, no se siente usted orgulloso?

Um. No. Mi dulce perrito, que es tan cobarde que huye de las ardillas, ¡es un asesino! Oh, la violencia que se esconde debajo de su apariencia plácida. Lo que para mí es un lindo y pequeño perrito para esa pequeña lagartija fue un monstruo feroz y despiadado.

Entonces pensé, ¿Sería yo como mi perro? ¿Qué se esconde aún debajo de mi superficie? Tal vez de la tuya también. La mayoría de nosotros somos cuidadosos para vernos bien y nos comportamos bien en público. Y podemos pensar que somos buenas personas.

¿Pero qué brota de nosotros que los demás normalmente no ven? ¿De qué cosas incluso no estamos plenamente conscientes?

¿Puede su dulzura o la amabilidad de costumbre ser superadas por un arranque de cólera? ¿Su temperamento normal parece imitar cada vez más a un volcán? ¿Te haz encontrado a ti mismo diciendo algo que sabes que no deberías de decir?

El mundo está lleno de personas que en el exterior parecen respetables o espirituales, o cualquiera que te parezca. Pero hay mucho que no vemos. ¿Qué veríamos si pudiéramos mirar dentro unos de los otros como Dios lo hace?

Salmo 139: 1-3 (NVI) dice: "Señor, tú me examinas, tú me conoces. Sabes cuándo me siento y cuándo me levanto; aun a la distancia me lees el pensamiento. Mis trajines y descansos los conoces; todos mis caminos te son familiares”.

La mayoría de las personas nos identificamos con el lamento de Pablo, "No entiendo lo que me pasa, pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco." (Romanos 7:15 NVI). Lo frustrante puede ser aveces lo que hay dentro de nosotros, especialmente cuando oramos o hacemos todas las cosas que se supone que debemos de hacer, y aún así actuamos tontamente.

Si nada de esto tiene sentido para usted, ¿qué podría estar al acecho en su vida? ¿Qué hacer al respecto? Aquí es donde tenemos hambre de su Espíritu que nos transforma. Y si usted pone su pequeño monstruo en las manos de Dios, todos los días, ¿cómo podría transformarlo?

Filipenses 4: 8-9 (NVI) nos muestra como: "Por último, hermanos, consideren bien todo lo verdadero, todo lo respetable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo digno de admiración, en fin, todo lo que sea excelente o merezca elogio. Pongan en práctica lo que de mí han aprendido, recibido y oído, y lo que han visto en mí, y el Dios de paz estará con ustedes."

Hoy es el día para pensar y hacer estas cosas.

Escrito por Peter Lundell